Minuto a Minuto

Nacional Después de 15 años de masacre en casino de Monterrey solo hay una condena
Se abrieron procesos de investigación contra 25 personas por el ataque y posterior incendio a 15 años de la tragedia
Nacional Vicente Fox respalda a Ernesto Ruffo Appel
Fox denunció la "tortura psicológica" que, a su juicio, ha sufrido Ruffo en el Centro Federal de Readaptación Social 'El Altiplano'
Internacional Tres heridos y más de 90 vuelos cancelados por el paso del tifón ‘Saudel’ en Japón
Al menos tres personas resultaron heridas y más de 90 vuelos fueron cancelados tras el paso del tifón Saudel por las islas del sur de Japón
Internacional Beyoncé dona un millón de dólares para ayudar a Colombia tras el terremoto
Beyoncé donará un millón de dólares a organizaciones que ayudan a damnificados por el terremoto de 7.4 en Colombia
Economía y Finanzas La desigualdad salarial baja en México, explica Banamex
Banamex señaló que entre 2016 y 2025 el salario mínimo multiplicó por 3,8 su valor nominal y aumentó 145 % su poder adquisitivo por hora en términos reales, tras una política de incrementos más acelerados a partir de 2019

La última vez que burócratas de la capital fueron usados en masa para algo relacionado con el Movimiento Estudiantil fue el 28 de agosto de 1968: el gobierno quiso que escenificaran una “ceremonia de desagravio” a la Bandera nacional porque la noche anterior, en la monumental asta de la Plaza de la Constitución, había sido izada la internacional de huelga en la más concurrida manifestación que se recuerde. Algunos indignados empleados del entonces Departamento del Distrito Federal empezaron a corear “¡No somos borregos, no somos borregos…!”, y a la consigna se sumó el resto de acarreados y todos fueron reprimidos (corretizas, macanazos y detenciones) por la policía y el Ejército.

51 años después fueron muchos más los servidores públicos que los marchistas (probablemente el doble) quienes participaron en la conmemoración luctuosa: 12 mil civiles obligados a dejarse usar para integrar “cinturones de paz” y dos mil 500 policías, ninguno de los cuales sirvió de algo frente a un triste centenar de delincuentes.

Desde la noche del lunes, plazas, calles y fachadas del centro de la capital del país me hicieron imaginar una peculiar versión de ciudades medievales que anticipada y cobardemente claudicaron ante el inminente arribo de las hordas de Atila.

Con una fuerza policiaca cercana a los 90 mil efectivos, la medrosa autoridad fue incapaz de impedir el ataque de los mismos pandilleros: mujeres y hombres que en unas cuantas semanas han vandalizado instalaciones públicas y privadas, lo mismo en la protesta contra violaciones y feminicidios que en la marcha por Los 43 o la de apoyo al derecho de abortar. Todavía la mañana de ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró su permisiva política de seguridad con eso de que está dispuesto a “acusar” con sus “mamás, papás y abuelos” a quienes, en vez de someter, intenta neutralizar con el epíteto ideológico de “conservadores” y el suave pétalo de que son unos “malcriados”.

Con la obligación primigenia de garantizar la seguridad de la población y los bienes públicos, así como la facultad constitucional de disponer de la fuerza del Estado, el gobierno prefirió experimentar el irresponsable “protocolo” de arriesgar la integridad física de sus empleados en eventuales enfrentamientos con vulgares pandilleros decididos a cometer, como se vio, impredecibles actos criminales.

Al igual que en otras conmemoraciones, la desangelada pero escandalosa marcha de ayer deshonró de nueva cuenta (González de Alba tenía razón) el significado profundo del Movimiento Estudiantil y la memoria de quienes murieron en la Plaza de las Tres Culturas (y el Casco de Santo Tomás, la voca Siete que estaba en Tlatelolco y otros lugares emblemáticos del 68) por la participación de delincuentes tolerados, la estéril “custodia” gubernamental a los manifestantes y la falta de frescura y espontaneidad de los participantes.

[email protected]