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Donald Trump la debe de estar pasando más mal que un mexicano migrante indocumentado atravesando el desierto de Arizona. El motivo: el juicio político que a petición de los legisladores demócratas, encabezados por Nancy Pelosi, se le aplicará con la intención de destituirlo como traidor a la patria. (¿Si Nancy es pelo-sí, Donald es pelo-no? –chiste mamón que sirve para romper el hielo).

Pero como dijo el maestro mecánico que se dirigía a la colonia Buenos Aires, voy por partes: En toda la historia de Estados Unidos, únicamente se han presentado tres procesos de impeachment –así se dice en inglés el litigio que culmina con la degradación del cargo presidencial. Éste se lleva a cabo a petición de los congresistas, por lo general del partido contrario al del presidente. Para hacerse efectivo es necesario que en la Cámara Baja –diputados- exista el voto de una mayoría simple en contra del sujeto del procedimiento; una vez cubierto este requisito, el caso pasa al Senado donde las cosas son más difíciles: es indispensable el voto de dos terceras partes más uno de los senadores para que la cesantía se haga efectiva.

Antes de Trump ha habido tres presidentes que enfrentaron la querella del Congreso para su degradación, a saber: Andrew Johnson (1865-69), Richard Nixon (1969-74) y William Clinton (1993-2001).

Andrew Johnson, sucesor de Abraham Lincoln, fue acusado de once cargos entre los que se encontraban: el despido del secretario de guerra Edwin Stanton y de hacer discursos con la intención de “intentar deshonrar, ridiculizar, odiar, despreciar y reprochar al Congreso de los Estados Unidos”. ¿Qué fue lo que le reprochó al Congreso? Aunque esto sucedió en el siglo XIX, gracias a la información que me proporciona el portal de internet de Univisión puedo informar que Johnson pretendía minimizar el poder legislativo para darle fuerza al ejecutivo, como ha sucedido y a veces sucede en algunas repúblicas al sur de Estados Unidos. (Esto último no lo dice el mencionado portal es un esclarecimiento de quien pergeña lo que usted lee). Pese a todo al llegar el caso al senado no obtuvo la mayoría necesaria y Andrew continuó en su cargo.

En cuanto a Richard Nixon, contemporáneo del escribiente, éste no necesita del internet para saber que don Richard a quien el gran escritor Philip Roth, en su libro ‘La Pandilla’ llama Tricky –truculento, tramposo-, fue acusado, con algunos que trabajaban para él, de espiar al partido Demócrata con la intención de ganar la reelección. Una vez descubierto esto, Nixon trató de ocultarlo. La prensa con la que llevaba una pésima relación, presionó a la opinión pública y ésta al Congreso de mayoría demócrata, es decir contraria al republicano de barba cerrada. Nixon prefirió renunciar antes de que el impeachment se completara.

Y aquí llega, ladies and gentlemans, el presidente que convirtió el Salón Oval de la Casa Blanca en el Salón Oral, William Clinton, cuya canción favorita: ‘Por debajo de la mesa’, estuvo en el Top Ten de popularidad en Washington durante varios meses. Su caso se concreta en un problema de su vida personal que afectó su reputación y puso en duda su honestidad. Entregó una declaración jurada negando haber tenido relaciones sexuales con la becaria (bocaria) Monica Lewinsky (lenguisky) para meses después admitir que sí tuvo relaciones inapropiadas con dicha señorita –valga el eufemismo-, razón para que le aplicaran el famoso impeachment, el cual finalmente no prosperó. Le hicieron lo que el aire a Lincoln.

El turno es para Trump, quien, según se supo, hizo una llamada al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para pedirle que indagara que Joe Biden, posible candidato demócrata a la presidencia en el 2020, frenó a un fiscal ucraniano que investigaba a su hijo, directivo de una empresa de aquel país.

La primera fase del multimencionado impeachment va a reprobar a Trump debido a que los demócratas son mayoría en la Cámara Baja. Será en el Senado donde se dilucide el futuro del magnate mal educado. Se necesitan 67 votos para que proceda el juicio en su contra; los demócratas cuentan con 47 senadores. Debido a su gran popularidad entre los republicanos se duda que 20 de ellos se le volteen al ególatra y racista empresario devenido en aprendiz de político. Si los planes de los demócratas avanzaran y le aplicaran el impeachment al republicano, le podrán decir la frase que él expresaba en su famoso programa: Donald, quedas despedido.

Triste

El domingo 16 de octubre del 2016, en su columna Bemol Sostenido, del suplemento cultural de La Jornada, el músico y crítico, Alonso Arreola, escribió: “Escuchando al fondo ‘Lo pasado, pasado’, piense nuestra lectora, nuestro lector, la importancia de un joven José José introduciendo la técnica del canto clásico en la balada popular (era barítono vestido de tenor), exhibiendo que contar penurias no es fruto inequívoco de la estridencia ranchera sino de los más antiguos laberintos sentimentales. Imagínelo cantando ‘Seré’ en 1984, augurando lo que finalmente sucedería: ‘Un día llegará que ya, de tanto que canté… de tanto, mi voz ya no será mi voz, mi canto no será mi canto. Seré quien todo lo dio por triunfar dejando su vida al pasar, hecha pedazos’. Imagínelo en su casa, hoy, pensando en seguir adelante. Imagínelo y abrácelo en su mente antes de que llegue la noche. Se lo merece”.